Esta preciosa gata fue abandonada muy jovencita, aún no tiene un año y ya sabe bien lo que es buscarse la vida. Tempi iba a diario a un asador de pollos, y su amable dueño le daba de comer. Se dio cuenta de que era una gatita muy sociable, y que difícilmente sobreviviría mucho tiempo por sí sola en la calle, así que nos llamó y logramos rescatarla. Ahora espera impaciente a su familia azul, la buena, la de “hasta que la muerte nos separe”.